martes, diciembre 19, 2006

El principito (Antoine de Saint-Exupery)

El pricipal atractivo de este delicioso cuento es el de podernos ver reflejados perfectamente, el de ser realmente los protagonistas, cada uno con nuestra rosa, esa rosa que amenaza con desaparecer sin retorno posible.
Una fábula llena de fantasía e imaginación, con unas imágenes maravillosas, un mundo en el que nos podemos perder y después adueñarnos de él, para después salir con una lágrima recorriéndonos la mejilla. Una obra en la que la inocencia de la infancia prevalece en todo momento y nos hace pensar en los niños que fuimos y nunca quisimos dejar de ser. Podemos adquirir la consciencia de nuestra situación en un mundo demasiado real, demasiado materialista y competitivo donde los valores más importantes como la amistad o la fidelidad han sido vencidos por las tecnologías que nos pretenden deshumanizar.
Realmente esta obra nos implica a todos y a esa parte de nosotros que posiblemente perdimos y como he dicho, no recuperaremos. Con sinceridad pienso que es una de los más grandes legados literarios de los que disponemos, siempre vigente, puesto que todos hemos de ser niños y después madurar, una obra en la que se nos presenta un mundo fantástico, sugerente, en resumen una obra que no nos puede dejar indiferentes.

martes, diciembre 12, 2006

Murió la bestia

Murió Pinochet sin saldar su deuda con la Justicia.

Este individuo detestable se marcha de este mundo sin reparar el inmenso dolor causado a miles y miles de chilenos. Como ciudadano del mundo, siento vergüenza. Como español tengo sentimientos encontrados. Por una parte me llena de orgullo que fuera un juez español el que lo pusiera contra las cuerdas, y en evidencia. Gracias a la labor de Baltasar Garzón, los potenciales criminales de Estado saben que sus fechorías pueden ser perseguidas internacionalmente.

Pero como español siento también una inmensa desazón, porque gracias al fiscal general del Gobierno de Aznar, y a las trabas que éste puso a Garzón, Pinochet pudo salir indemne del Reino Unido. Así se escribe la historia.

De todas formas, creo que el fallecimiento de la bestia es una buena noticia. Espero que sin Pinochet pierda fuerza el pinochetismo, porque la verdad es que produce grima y pánico ver a muchos jóvenes chilenos defendiendo la obra del tirano. Y lo curioso es que esa gente dice creer en Dios.

Dios, Dios. Por mi formación en un colegio Salesiano estoy predispuesto a creer que Dios existe. Pero algo no me cuadra. Si Dios es Todopoderoso, e inmensamente bondadoso, ¿cómo consiente el sufrimiento de tanta y tanta gente inocente? ¿Y cómo acepta que los tiranos maten en su nombre? Recordemos que Franco fue Caudillo de España, por la Gracia de Dios.

Rafa García

lunes, diciembre 11, 2006

Otro meme. Este más sencillo.






A)

Cuatro trabajos que he tenido:
- En la cafetería de mi tío Jaime
- Cuidar a Ibon
- Auxiliar de caja en DIA.%
- Dependienta en Serja

B)
Cuatro películas que puedo ver una y otra vez:
- Amelie
- Hércules (la de Timothy Dalton)
- Lolita (tanto la de Kubrick como la protagonizada por Jeremy Irons)
- La naranja mecánica

C)
Cuatro lugares donde he vivido:
- Casa de mis abuelos
- Prácticamente casa de Amaya
- Prácticamente casa de Juas
- Y ahora vivo en mi propia casa


D)
Cuatro programas de televisión que me gusta ver:
- House
- Anatomia de Gray
- Crosing Jordan

¿Hay que decir la verdad? En serio?


- La hora chanate y derivados (Smonka…)

E)
Cuatro lugares donde he estado de vacaciones:
- Moraleja De Sayago
- Barcelona
- Salamanca
- Casa de Juas

F)
Cuatro de mis platos favoritos:
- Chicharro al horno
- Cualquier tipo de carne muy hecho (no como un zapato, pero casi)
- Croquetas de la tía Mila
- Patatas albardadas, hechas por mi abuelo.

G)
Cuatro sitios que visito a diario:

¿Han de ser sitos en Internet?
- Mi blog
- Mi fotolog
- El cajón de sastre
- El blog de Titxu

H)
Cuatro lugares donde preferiría estar ahora:
- Cualquier lugar físico donde pudiera estar con mi abuelo
- En mi casa, con la persona a la que quiero (y que se asusta)
- Dándome un baño en una bañera hiper-grande
- En mi cama, calentita, con el gatito y la gatita (podría ir por varias gatitas, mientras que me den calorcito…)

I)
Cuatro personas que tienen que hacer esto:
- Atreyu
- ^^^
- Nereida
- Namuri

(si queréis, lo podéis hacer aquí o en vuestros blogs, ya se que varias no tenéis blog, aunque una de ellas lo tiene tipo época picapiedra)



P.D: No lo son pero lo parecen.

viernes, diciembre 01, 2006

La conjura de los necios

Sonreímos complacidos: nos hemos integrado, estamos en el buen camino. Un trabajo y un horario esclavo, un piso y una hipoteca, un coche y unos atascos, una lavadora y su garantía aún por sellar, un televisor y una adicción, un boleto de lotería y un “por_qué_no_me_toca”, un plan de pensiones y una juiciosa previsión, una familia y unos hijos a quienes enviar a la universidad. Bis. Una familia y unos hijos a quienes transmitir este cansino ciclo:” hazte una persona respetable, consigue trabajo, cómprate un piso, funda una familia y -qué ironía- disfruta de la vida”. Somos extraordinariamente parecidos. Parecemos vulgares calcos fruto del caprichoso marketing de cualquier multinacional y maquiavélicamente regulados por algún tipo de poder... ¿Somos tan horrorosamente iguales? ¿Somos realmente así? ¿Nacimos ya así?


Quisiera creer que no. El descubrimiento de un personaje como Ignatius Reilly de “La conjura de los necios” me trae nuevas y renovadas esperanzas en la individualidad, en el pensamiento original, en la reacción imprevisible del género humano. Lo único que lamento que mis elogios no supongan ninguna novedad. Existe unanimidad para el colectivo de críticos o lectores: es indiscutible la aclamación para esta obra literaria del malogrado John Kennedy Toole ( se suicidó sin haber podido publicar su obra, su madre, tiempo después, consiguió que una editorial que no se solía dedicar a este tipo de literatura la publicara).

Ignatius Reilly es un treintañero que vive con (y a expensas de) su madre, cuya personalidad ya merecería un tratado aparte. Ignatius Reilly reniega de su (nuestro) mundo tan tristemente poco estético, y así pretende denunciarlo mediante su prosa, que califica de superlativa. Jamás sabré si llegaba a tomarse en serio a sí mismo, pues abunda en la ironía y el cinismo, pero no seré yo quien me atreva a desmentir sus pretensiones de genio. Su amor propio, fingido o real, es fiel representación de su físico, inmenso y esclavo de su válvula pilórica. Todo ello aderezado del poco (nulo) reconocimiento social del que goza, lo que convierte al resto de personajes que desfilan por su vida en auténticas caricaturas, especialmente si los vemos a través de las ácidas descripciones del propio protagonista.

Ignatius es un individuo al que todo el mundo preferiría evitar, incluso nosotros mismos, pues su ego y desprecio destaca muy por encima de su evidente erudición. Aún así, nadie discute su aguzada visión de las cosas, que hace pensar en una privilegiada fórmula contra la inercia mental, aunque pueda ser fruto de una permanente pereza. En primera instancia rechazamos sus ideas, casi con repugnancia, para de inmediato disfrutarlas por su exagerada desfachatez, y acabamos detectando una extraña coherencia que parece reclamar una lectura mucho más atenta. Quién sabe si, de haber evitado los convencionalismos, no podríamos ser un Ignatius´.

Tal vez en algún momento, cuando incluso nuestro amor más preciado parece no comprendernos y el más accidental de los transeúntes nos mira con mala cara, empezamos a incubar la posibilidad de vivir bajo una mascarada. El camarero entonces nos sirve el café quemado, contiguo a nosotros se sienta un vagabundo que no deja de observarnos con vehemencia. En la incomodidad de tal instante alimentamos la terrible duda de si estamos siendo objeto de una conspiración, de una especie de cruel prueba para evaluar nuestra entereza, nuestros defectos o virtudes. La paranoia parece alcanzar su apogeo hasta que el griterío proveniente de la televisión del bar, o la enervante musiquita de las máquinas tagraperras tiñen la escena con la habitual vulgaridad y recuperamos la compostura. Pero la próxima vez no, la próxima ocasión pienso identificarme con la imagen del insigne Ignatius y convertirlo en mi paladín, en mi modelo de virtuosismo que me ayude a preservar la poca esencia original que pueda tener. Porque cuando todo nos sale al revés, cuando el azar parece volverse en nuestra contra, cuando el mundo parece no estar hecho a nuestra medida, cuando –en definitiva- descubrimos nuestra singularidad, amigos míos ¿Quién nos dice que no somos víctimas de un complot contra nuestra esencia?

¡ ¡ ¡ He aprobado ! ! !


¡¡¡ Ya puedo dormir tranquila !!!